Edición Nº 581 21 de November
Riesgo Ambiental
Daños incalculables
Brasil: retiraron más de 4 mil toneladas de petróleo, pero el turismo cayó un 50% y la pesca está paralizada

Centenares de playas de la región nordeste de Brasil que fueron manchadas por el derrame de petróleo en el Atlántico volvieron a la normalidad, pero el "fantasma" del hidrocarburo derramado todavía asusta a los turistas y preocupa a los pescadores y marisqueros.

A dos meses de las primeras apariciones de las manchas que recorren los más de 3.000 kilómetros del litoral nordeste, que representa el 40 % de toda la costa brasileña, la actividad turística y pesquera, principal sustento de las personas más humildes, fueron fuertemente golpeadas por la situación.

Icónicas y paradisíacas playas como Lençois (Maranhao), Morro de Sao Paulo y Abrolhos (Bahía) y Carneiros (Pernambuco), entre muchas otras, fueron alcanzadas por la pegajosa sustancia y la alerta de una posible contaminación del agua no solo alejó a los viajeros sino que también perjudicó a los pescadores.

La playa de Suape, que administrativamente pertenece al municipio de Cabo de Santo Agostinho, pero que está muy cerca y recibe su nombre por el puerto marítimo de Suape (en Ipojuca), el principal del estado de Pernambuco, siempre se caracterizó por la convivencia entre el turismo y la actividad de pescadores y marisqueros.

En Suape no volvieron más manchas de petróleo por el momento, pero el desastre ecológico dejó quioscos cerrados, mesas y paradores desiertos, lanchas pesqueras y de paseo paradas en muelles y los bolsillos de los pequeños comerciantes y ambulantes vacíos, que junto a pescadores y marisqueros, todos los días van hasta la playa a la espera de sus clientes.

"La parte de la pesca fue muy afectada porque las personas no quieren comprar pescado" y "el turismo cayó un 50 %", aseguró a la agencia de noticias EFE Ademar Senna, un pescador y barquero turístico, quien lamentó el incumplimiento, hasta ahora, de las promesas de auxilios del Gobierno Federal.

Senna, de 39 años, afirmó que "no llegó ninguna ayuda para los pescadores" y que "muchas personas están con las heladeras llenas de pescado sin vender nada".

Una embarcación pesquera, que sale a la mañana para altamar y regresa al día siguiente en el mismo horario, recoge semanalmente unos 300 kilos de pescado, pero las ventas no llegan a diez kilos, manifestaron los pescadores de Suape.

Pescadores como Senna aseguran que el área que fue más impactada por el crudo fueron los manglares y los estuarios, "que están siendo limpiados", pero que los peces en altamar siempre se alejaron de las capas de petróleo que avanzaban hacia las playas. "Ni los peces ni los cangrejos se alimentan de petróleo", aseveró.

Marcos Conrado, dueño de embarcación pesquera y de una pescadería, dijo a EFE que en Suape y sus alrededores entre 600 y 700 personas viven gracias a la venta de pescado y mariscos.

La Policía Federal informó que investiga a un buque de bandera griega, que se dirigía a Singapur cargado con petróleo venezolano, como el principal sospechoso del derramamiento del carburante.

Según el más reciente informe del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (Ibama, regulador), el petróleo derramado alcanzó a 296 playas de 101 municipios de los nueve estados del nordeste.

En total, 109 animales fueron encontrados con vestigios de crudo, de los cuales 28 fueron rescatados con vida y 81 murieron, en su gran mayoría tortugas marinas.

Las autoridades brasileñas informaron que ya se recogieron más de 4.000 toneladas de petróleo en las costas del noreste del país.

Los gobiernos regionales destacan que ya están limpias las playas del Ceará, de Río Grande del Norte, Paraíba y Pernambuco, mientras continúan las labores de limpieza en las localidades de Maragogi, Japaratinga, Barra de Sao Miguel, Coruripe, Feliz Deserto y Piacabucu, en Alagoas; Artista, Sergipe, Arembepe, Berlinque, Barra Grande, Cueira, Pratigi, Alcobaca, Mar Moreno y Piracanga, en Bahia.

En el dispositivo de limpieza y prevención trabajan 15 barcos, cuatro aeronaves, tres drones y más de 2.350 militares y 85 funcionarios del Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA).

"La gravedad y alcance de este crimen ambiental sin precedentes exigen una constante asignación de recursos materiales y humanos", sostuvo el organismo encargado de las labores de limpieza. (Clarin.com)

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