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Edición Nº 608 29 de May
Columnistas
LA INFLACIÓN Y LA ACTIVIDAD ASEGURADORA
Dr. Carlos Fernández Blanco

Un problema que afecta en forma recurrente al desarrollo de la Economía Argentina son los índices de Inflación que en forma recurrente provocan la pérdida de valor de su unidad monetaria.

La inflación no afecta a una determinada clase social, es perniciosa para todos los sectores de la sociedad, pero seguramente provoca mayores daños en la economía de los más vulnerables.

No resulta sencillo visibilizar los motivos de la inflación. Desde siempre se sostuvo que el problema radicaba exclusivamente en el exceso de circulante, o sea en la exagerada emisión monetaria.

En diciembre de 1958, Raúl Prebisch titulaba un artículo: “Moneda sana o inflación incontenible”. El título era toda una definición que en aquel momento nadie se hubiese atrevido a cuestionar.

Sin embargo, la aplicación de modelos ortodoxos en materia de reducción de la base monetaria, puestos en práctica en nuestro país recientemente, no produjo para nada los resultados esperados.

Entre setiembre de 2018 y setiembre de 2019, la base monetaria creció 0,8% en términos nominales y la inflación llegó al 50% entre ambos extremos, mientras que entre el 5 de marzo y el 16 abril del corriente 2020 con un crecimiento de la base monetaria del 42%, la inflación de abril sorprendió a todos con un modesto 1,5%, la más baja de los últimos 32 meses. De todas maneras, debe entenderse que nadie puede promover la emisión descontrolada de moneda como una buena medida de política económica.

Tampoco parece ser el único motivo de inflación el déficit fiscal o sea que el Estado gaste más que lo que recauda, o que los oligopolios o formadores de precios sean exclusivos responsables de los altos índices de inflación en la Argentina, salvo en productos o servicios muy particulares.

Asimismo, no parece que la carrera, entre precios y salarios tendría el valor que algunos le atribuyen, pues, aparecieron picos de inflación cuando los salarios se encontraron absolutamente deprimidos.

Seguramente el motivo de la inflación, por momentos incontrolable, sea consecuencia de la combinación de distintos factores que enumeramos precedentemente y de la falta de aplicación de políticas públicas concertadas que tengan en cuenta todos los factores que tiendan a estimular el alza continua de los productos que se consumen en el país. La inflación también tiene consecuencias indirectas que la estimulan.

Cuando los ciudadanos perciben la pérdida de valor de las unidades monetarias domésticas, suelen coincidir en la compra de moneda extranjera como instrumento de ahorro o conservación de su riqueza.

La cotización de las monedas extranjeras, principalmente del dólar estadounidense, son permanente preocupación de los gobiernos nacionales, y en todos los casos las restricciones para acceder a las mismas, determinan la aparición de una cotización del dólar que recibe distintos nombres, como dólar paralelo, blue u otras denominaciones que están vinculadas a las diferentes formas de adquirir esa moneda.

Sin embargo, la exagerada propensión a la adquisición de monedas extranjeras con fines de atesoramiento, es también causa de la inflación y no su principal efecto. Cuando el precio de moneda extranjera, en particular el dólar en los mercados no oficiales se considera como su real y verdadero valor y los empresarios pretender dolarizar sus activos y su utilidad, el precio del dólar pasa a ser causa de la inflación y no uno de sus efectos. 

Por otra parte, creo que nadie podría calcular en verdadero valor teórico del dólar. Ni con el precio de las hamburguesas en cada país como suele hacerse, ni con ningún otro patrón. ¿Qué pasaría si todos los tenedores de dólares como moneda de ahorro y no de cambio en el mundo, fueran en forma simultánea a EEUU y compraran las mercaderías disponibles en ese mercado? Yo me hago esta pregunta sin poder tener la seguridad de la respuesta, pero supongo que al producirse un violento cambio en la velocidad de circulación de esa dormida moneda, la alteración de su valor universal podría ser catastrófica.

Y como no podía ser de otro modo el mercado de seguros es particularmente sensible a los efectos de la inflación porque los aseguradores reciben del público dinero a cuenta de prestaciones futuras

Las entidades aseguradoras tienen características muy particulares desde diferentes aspectos.

En primer término, su operatoria asume, desde el punto de vista de los flujos financieros, una inversión de los modelos corrientes de la casi totalidad de las actividades económicas.

En efecto, las explotaciones industriales o comerciales tienen rasgos comunes en cuanto, en general, en primer término, compran las materias primas que transforman en productos terminados, o directamente mercaderías elaboradas por terceros, luego proceden a su venta y por último reciben el ingreso monetario de parte de sus clientes. En muchos casos la duración de esos ciclos es tan prolongada que para poder sostener los procesos de espera no es suficiente su capital de trabajo y deben recurrir al crédito para hacer frente a sus obligaciones antes de percibir los fondos que genera su actividad. En las empresas de servicios, en el mismo sentido, después de haber efectuado la prestación perciben sus retribuciones.

En cambio, en las entidades aseguradoras, en primer término se percibe la prima, tal como lo indica  la  propia etimología de la palabra , y los egresos de fondos se producen en promedio con  significativa  dilación.  Las erogaciones más importantes, constituidas por el pago de los siniestros -fundamentalmente los de mayor trascendencia monetaria constituidos por reclamos judiciales de terceros -  suelen ocurrir mucho tiempo después de haber percibido la prima correspondiente al contrato que le dio origen.  Por esta razón, las entidades aseguradoras que operan razonablemente, acumulan cuantiosos recursos provenientes de esta particular forma operativa en forma de inversión de sus reservas.

Si esto es una verdad incontrastable en épocas de estabilidad, el manejo responsable de las reservas en las entidades aseguradoras se tornará mucho más complejo y de mayor cuidado en los periodos de alta inflación.

En consecuencia, será tan importante, para el mantenimiento de su solvencia, mantener intangible el valor de sus reservas monetarias como la prudencia observada en la política de suscripción de riesgos.

Es evidente que, durante los periodos de alta inflación, las tasas de interés, suben abruptamente, no porque realmente mejoren su rendimiento sino porque se anticipan a los índices de inflación.

Todos los partícipes de la economía, no solo las entidades aseguradoras, suelen dedicarle más esfuerzos en términos de gestión, a la obtención de mejores rendimientos financieros que a los normales y naturales valores de los bienes transables y los servicios, que son la base normal de su actividad.

Y en la actividad aseguradora el espejismo de los rendimientos financieros hace que los valores de las coberturas tiendan a deprimirse respecto de su verdadero valor técnico que seguramente será aparentemente compensado por los rendimientos observados. Y las conductas erróneas se trasmiten rápidamente a prácticamente todos los operadores que fijan los valores de sus coberturas por los precios del mercado en lugar de calcular los egresos que provendrán de su normal siniestralidad, estimulados más aún, por los comparadores de internet que empujan a los consumidores a comprar a los menores precios ofrecidos.

Y es así como en sus Estados Contables los resultados técnicos se desvanecen en tanto lucen como estelares los rendimientos financieros.

Cuando en las entidades aseguradoras aparecen como más importantes la Gerencia Financiera y la Comercial en desmedro de las Técnicas y de Suscripción, seguramente se avecinarán tiempos de tormenta.

A esta altura debemos formular una aclaración en homenaje a quienes se esfuerzan por operar racionalmente es los tormentosos periodos de inflación. Aun cuando en los momentos de suscripción los valores de primas se encuentren razonablemente calculados los resultados técnicos aparecerán deslucidos porque los siniestros se pagarán más tarde con valores monetarios actualizados y la gran utilidad financiera tampoco es real pues buena parte de ella es solo producto de la pérdida de valor de esa misma moneda.

El artículo 26 de la Ley 20091 es tan sabio como desatendido, fundamentalmente en los periodos de alta inflación. A él y a su reglamentación nos remitimos como una guía de las que nunca deberían apartarse los aseguradores y naturalmente el Organismo de Control.

Buenos Aires, mayo de 2020.

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